Monday, February 26, 2007

II

Mane abrió la puerta, y se encontró como esperaba a Andrea tras ella, la saludo como si nada ocurriera y la invito a pasar. Andrea entro a la casa algo desconfiada de tanta naturalidad en el rostro de su tía, la saludo y pregunto si podía ir a ver a su hermanito.
Habían momentos en que Andrea parecía una niña normal, una gran lucidez aparecía en su carita de porcelana y en sus palabras que no dejaban jamás de ser palabras de una niña que pretendía parecer un adulto. Y justamente en el momento en que su pequeña mente modelaba el plan mas descabellado dejaba a las apariencias la inocencia de una niña indefensa.
Caminaron la tia junto a la niña hacia la habitación dispuesta para el pequeño Javier. Al entrar encontraron al niño placidamente dormido en la cunita que Mane había comprado para el. Andrea se acerco cuidadosamente a su hermanito y le acaricio el pelito, luego miro a su tía y le dijo:
-Extrañaba tanto a mi hermanito que no pude evitar venir a verlo, me costo muchísimo llegar hasta acá, pero lo logre. Quizás la tía Mariela estará enojada conmigo, o preocupada, pero ella no entiende que no nos pueden separar a mis hermanos y a mi.
-Andreita, es importante que veas a tu hermanos, pero no puedes llegar y escapar de casa de Mariela de esta forma. Todos están muy preocupados por ti y por tus hermanos. Pero debes entender que no podemos tenerlos a todos juntos.
-Si, si ,si ,si. Yo se que es difícil eso tía. Pero yo siempre me he preocupado de la leche de mis hermanos, del pañal del Javi, de las trenzas de la Antonia, de darles desayuno, de vestirlos… mi mamita siempre esta cansada, y triste. Siempre se toma botellas llenas de ese remedio que le da sueño, y duerme todo el día. Y en la noche tiene que salir… a trabajar. Nunca he entendido porque las mamas de mis amigas del barrio trabajaban de día y mi mama de noche. Pero tal vez no es tan extraño como me parece.
-A pesar de que eres capaz de hacer todos cuanto necesiten tus hermanos, debes entender que solo tienes 10 años, y a tu edad los niños juegan, hacen cosas de niños, y no es justo que no puedas gozar de los juegos como los demás niños. Por eso con tus tías decidimos que lo mejor era que se quedaran con nosotras… el problema es que no podemos tenerlos a todos juntos en una casa por ahora. Tu entiendes, ¿cierto?, pequeña.- mientras Mane le hablaba a Andrea le hacia cariño en la cabecita, y esta se dejaba acariciar felizmente.
-Pero tía, ¿porque no se queda usted conmigo y la Antonia y el Javier? ¿Por qué tiene que estar Javier con usted, la Antonia con la tía Agustina y yo con la tía Mariela?, así seria todo mas fácil…
-Eso es algo que debemos conversar, luego tomaremos decisiones. Sabemos que lo mejor es que estén todos juntos, pero aun no sabemos donde. Solo ha pasado una semana desde que… - Mane balbuceo algunas silabas, pero no lograba encontrar las palabras justas para seguir explicando la situación a su sobrina. Solo había pasado una semana desde que habían encontrado el cuerpo inerte de Pamela, la madre de Javier, Antonia y Andrea. Había sido una semana muy agitada, el llanto de la abuela de Andrea, los policías de investigaciones haciendo insensibles preguntas a la pequeña, llantos de los vecinos, conversaciones, preguntas sin respuestas. ¿Quién se queda con los niños?, y nadie se hacia responsable.

Más bien nadie quería hacerse cargo de una responsabilidad tan grande como era cuidar a sus sobrinos. La escena estaba marcada en la mente de todos, y mucho mas profundo en la de la pequeña Andrea.
Ese día martes Andrea se había levantado como de costumbre a tapar a su madre que siempre estaba dormida sobre el cubrecama, para luego preparar el desayuno de sus hermanitos. Pero al ir a la habitación de su madre no la encontró. Busco e la cocina, en el baño, y cuando salio al patio de la casa vio a su madre dormida al lado del ventanal que daba al comedor. Lo cual no le pareció muy extraño, ya que varias veces su mama se quedaba dormida en el patio, o en la cocina o en el baño, siempre junto a su botella de “remedio”. Entonces fue a moverla para que se despertara y así la pudiera conducir hacia su cama. Pero la movía y la movía y Pamela no despertaba. Además Andrea observo que su mamá tenía un cordel atado a su cuello, lo cual le pareció aun mas extraño. Una vez en una película había visto como castigaban a un tipo malo atándole un cordel al cuello, y eso la aterrorizo, ya que al parecer el tipo malo ese había muerto. Pero quizás descartar tal idea pues su mamita no era mala. Luego de mucho insistir Andrea se preocupo mucho mas, pues eso no era normal.
Ni siquiera salían reclamos ininteligibles de la boca de su madre, ni un movimiento, ni una queja porque la estaban despertando… Pamela no reaccionaba.
Andrea corrió hasta el teléfono, y llamo a su abuela, único familiar que iba de visita a su casa. La abuela contesto el teléfono, algo dormida, y Andrea le contó que no sabia como llevar a su madre hasta su habitación, pues le preocupaba que se resfriara estando dormida en el frió patio trasero de la casa. Además le contó que su mamá se había puesto un extraño collar de cordel al cuello y lo haba amarrado a la reja de la protección del ventanal. Al escuchar las inocentes palabras de Andrea la abuela soltó un grito de desesperación y le dijo que se quedara tranquila que iba de inmediato hasta allá.
continuará...

Wednesday, February 07, 2007

I

- Que linda guagua, la puedo tomar.
- Es que eres muy pequeña niña.
- Yo tengo un niño un poco más grande que el suyo y también es muy lindo...
La señora tomo el carro de las compras un poco anonadada con la situación e intento escapar a la niña, mientras esta la miraba de lo lejos con los ojos llorosos y extrañando a su pequeño Javier.

La tía de la niña la mira con un poco de rabia y a la vez pena por el episodio ocurrido en el supermercado. Pero sabe que no puede culpa a la niña por comportarse extrañamente.
Al llegar a la casa la niña corre al patio trasero y se sube a la muralla, entonces comienza a gritar palabrotas al aire como loca. Al bajarse la tía y la prima la miran extrañadas, pues no comprenden el motivo de las palabrotas.
Luego se tira el suelo y patalea, grita que le devuelvan a su hijo, que se lo robaron, pero la tía la toma bruscamente del brazo y la lleva hasta el baño. La tira dentro de la tina y da el agua mojando a la niña con ropa y todo, mientras esta llora y grita. Luego de un rato la niña deja de gritar y su tía Mariela la saca del baño envuelta en una toalla. Luego la encierra en la habitación que habían dispuesto para ella y se va a su pieza a llorar.

Mariela se encerraba a su habitación a llorar todos los días luego de "aquello" que había ocurrido. Ya había pasado una semana desde que todo había terminado pero aun se negaba a si misma que "aquello" fuese cierto. Era todo tan complicado y sentía que con cada reacción extraña de la pequeña Andrea sus fuerzas y deseos por ayudarla se iban esfumando.
La pobre tenía solo 10 años, pero la vida que le toco no era nada fácil y cada uno de los trastornos y actitudes extrañas y agresivas que tenía eran por culpa de todo lo que le toco afrontar a sus cortos añitos. Esa forma tan de adulto para hablar, las gesticulaciones tan marcadas y esa personalidad tan desinhibida la hacían ver como una “vieja chica”.
Mariela sale de su habitación en dirección a la de Andrea. Abre la puerta, pero dentro no estaba la pequeña, recorrió la casa desesperada buscando a la niña, pero no la encontró. Volvió a la habitación y al mirar sobre la cama vio un papel que le llamo la atención. Lo tomo con algo de miedo, pues temía lo peor, lo desdoblo y con esa desbaratada letra de niña decía “tía Mariela gracias pero mi hijo me necesita, y mi mamá esta triste dentro de la caja, Andrea”.
Mariela corrió por toda la casa nuevamente esperando encontrar a Andrea dentro de ella, esperando a que ese papel y su contenido fuese solo una broma. Pero al no encontrarla dentro salio desesperada a la calle, pero no se veía la niña. Entro rápidamente y tomo el teléfono.
- Agustina??
- Si, hola, ¿como estas?... ¿pasa algo?
- Andrea escapo- por unos minutos ninguna dijo nada, solo se oía llorar a Mariela.
- Pero ¿Cómo?, ¿que paso?, deja de llorar y habla mujer!!
- Es que la castigue por su conducta… sé que debí tener mas paciencia, pero hoy me saco de quicio…
- Calma, ahora hay que pensar que debemos hacer…
- …
- ¿sabes donde podría estar?
- Eh… no lo sé. Es muy relativo, podría estar en cualquier parte.
- Pero piensa mujer, ¿habrá vuelto a su casa?, estará en casa de mamá, en un parque, ayúdame!
- Espera. Dejo un papel diciendo que su hermanito la necesitaba, osea puso que su hijo la necesitaba, tu sabes, sigue con eso de que Javier es su hijo, quizás va a casa de la Mane a buscar a la guagua, pero también escribió que tenia que ir a buscar a su mama…
- Deja de llorar mujer, ya hemos llorado lo suficiente por esa insensible.
- Es que no es eso, me da pena porque la pobre puso en el papel que su mama estaba triste en … , ¿te das cuenta?, la niña aun cree …
- Si sé. Es muy triste todo eso, pero por lo mismo hay que encontrar lo antes posible a esa niña y luego vemos alguna solución, buscamos algún tratamiento para su trastorno… que se yo, ahora hay que actuar rápido.
- Llamare a la Mane…
- No, ve de inmediato a su casa, nos vemos allá, chao.
- Chao.
Mariela tomo su cartera, llamo a su hija y fueron a casa de Maria Inés.
El cielo comenzó a nublarse y la lluvia era cada vez mas molesta. Entere la lluvia y las lagrimas cada vez veía peor el camino. Las ideas eran vagas, trataba de pensar en donde podría encontrarse Andrea en ese momento. Según la carta que había dejado lo mas lógico era que estuviese en casa de su abuela buscando a su madre, o buscando a su hermano en casa de su tía. Pero aun así podría estar en cualquier parte.
Al llegar a casa de Mane vio el automóvil de Agustina estacionado, bajo rápidamente y golpeo la puerta, la cual fue abierta por Mane quien estaba muy molesta. Comenzaron a discutir las tres hermanas, hasta que Agustina puso orden con un fuerte grito.
- Si Andrea llega y ve los autos estacionados fuera lo mas probable es que se vaya asustada, claramente esta huyendo-dijo Agustina
- Tienes toda la razón, será mejor que vayan a estacionarse mas lejos de la casa.
- Pues vayamos de inmediato- contesto Agustina.
- Y tu Mariela para de llorar y actúa, mira que todo esto es culpa tuya- le dijo Mane con aun mas rabia.
- No es hora de culpar a nadie, menos a Mariela… vayamos mejor.
Salieron entonces Mariela y Agustina a estacionar los automóviles al pasaje de al lado.
Al volver Mariela estaba más calmada, aunque seguía muy preocupada. Esperaron impacientemente, hasta que por fin tocaron a la puerta.
[continua]